Burning like a flame

Uno es lo que muestra

Hay una mala costumbre en creer que conocemos nuestros límites. El café estaba amargo y le hizo sacar una mueca que mezclaba el desagrado con el placer. La lengua áspera percibía los matices y desde fuera solo se veía a un hombre distante, agotado y frío. Desde dentro era una llamarada escupida una y otra vez que se topaba con la presión de los pulmones para no levantarse y gritar, para no desollarse los nudillos contra los muros silenciosos que atribulaban su cabeza. Sin embargo necesitaba quemarse, arder, brillar, arrasar con aquello que tenía delante de él.

Siempre descalzo, o eso imaginaba ella, los puños cerrados y la ausencia de aparatos y artilugios. Huía de ellos a su parecer y pocas veces utilizaba algo más que su cinturón, ese cuero frío que se convertía en lava ardiente cuando castigaba la piel de sus nalgas. Sin anillos, sin adornos, vaqueros destruidos…

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