Vivo en un piso con ventanas amplias. Suelo mantenerlas abiertas para que la brisa en tiempos de verano circule por toda la casa. Llevo un poco más de 3 años viviendo en este sitio con mi marido.

Todas las mañanas, cuando él sale a trabajar, me siento en mi ordenador para revisar mis mails, investigar sobre mi tesis y adelantar algún trabajo pendiente para cuando vuelva de clase.

Al frente de mi apartamento, un piso por encima, vive un vecino bastante guapo. Es alto, moreno y fuerte. Siempre va sin camiseta por casa, almenos las veces que lo he pillado en la ventana. Desde que nos mudamos me he dado cuenta de que es muy mirón: una vez noté como se agarraba “el paquete” viéndome caminar en ropa interior. En principio se me hizo bastante incómodo, pero ahora debo confesar que mi vecino no me es indiferente.

Sueño con chupársela

Amo a mi marido, es un hombre maravilloso y además me complace como me gusta en la cama, pero mi vecino es muy atractivo, tiene un cuerpo de ensueño. Es por eso que me he visto en mis fantasías chupándosela, hasta el punto de ponerme caliente. Cuando eso sucede, espero a mi marido desnuda en el sofá y dejo la ventana abierta con la esperanza de que mi vecino mirón observe nuestra faena.

Véase también: Me hice la rusa con un transexual… ¡Perdóname señor!

Una mañana, al tomar mi taza de café habitual, sentí la mirada de mi vecino. Hice ver que no me daba cuenta, y de reojo pude observar que se encontraba desnudo, con su mano frotando su pene erecto, y una carga de adrenalina comenzó a invadir mi cuerpo.

La mejor masturbada en años

Me senté frente al ordenador sin que mi vecino notara que me había dado cuenta de lo que hacía. Desabroché mi sujetador y dejé mis senos al aire. Puse música para calmarme un poco pero ya estaba decidida, me iba a tocar mientras mi bizarro y sexy vecino se masturbaba observándome.

Me levanté y caminé justo frente a él para mostrarle mis senos, puse mi cabello a un lado y acaricié mis pezones. Él se escondía para no quedar en evidencia, y debo admitir que me excitaba aún más saber que me estuviera observando. Luego me giré para enseñarle mis nalgas, y procedí a bajarme las bragas lentamente.

Me ubiqué de nuevo frente a él y ajusté un poco las cortinas de la ventana para forzarlo a espiar mejor. Observé a lo lejos una erección y esto hizo que me mojara. A continuación, me senté en un sillón para exponerle mi vagina húmeda y, comencé a tocarme. Cuando inicié mi faena, mi clítoris estaba endurecido.

Con mi mano izquierda manoseaba  mis senos, alzándolos a la altura de mi boca para pasarles la lengua y con mi mano derecha, frotaba y frotaba mi clítoris, lubricándolo una y otra vez con mis fluidos vaginales, hasta que pude estallar de placer.

Eran las 6 y 20 de la mañana, entré a darme una ducha y me vestí con ropa de deporte para salir a correr al parque. En una de esas me topé con él. Fue inevitable no cruzar las miradas y mientras nos alejábamos, le sonreí con cierta complicidad, segura de volver a repetir esta aventura. ¡Ay de mí, si mi marido se entera!

Sobre el autor:
Kelvin Castillo es Graduado en Comunicación Social, redactor, editor y
líder de proceso en la producción de información para medios
impresos,radiales,televisivos y online, tanto convencionales como
alternativos.

One response to “Mi sexy vecino voyerista

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